Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará

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La Biblia nos enseña: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Ga 6:7-9). Si siembra judías, crecerán judías; si siembra judías rojas, cosechará judías rojas, y no otra cosa. De la misma manera, todo lo que sembremos y hagamos por el evangelio se revelará y dará su fruto a su debido tiempo.

Aun cuando un agricultor labra el campo y siembra las semillas, es el cuidado y la devoción que pone lo que permite que las semillas crezcan bien. En un campo donde la tierra es dura y donde el agricultor no abona ni quita la maleza, el fruto no crece bien; y aunque lo haga, crece débil. Un agricultor dedicado prepara la tierra cuidadosamente y siembra cada semilla con atención, ni muy juntas ni muy separadas, sino en el espacio adecuado. El agricultor que se esfuerza sinceramente cosecha granos llenos, mientras que el que descuida su trabajo solo recoge cáscaras vacías. Como agricultores espirituales, también debemos poner nuestros corazones en sembrar la palabra de Dios si queremos recoger buenos frutos. Sembremos el evangelio con sinceridad. La medida de nuestra devoción determina la abundancia y la fuerza del fruto.

Dios nos ha traído la Pascua, otorgándonos la bendición de la protección contra los desastres y la vida eterna. En esta época de desastres, la Pascua es esencial. La Biblia dice: “Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y así sucede. Y cuando sopla el viento del sur, decís: Hará calor; y lo hace” (Lc 12:54-57). Así como un agricultor observa el clima, metiendo el grano cuando ve las nubes que salen del poniente y sacándolo cuando sopla el viento del sur, también debemos discernir las señales de este tiempo. Cuando vemos que los desastres están ocurriendo, debemos proclamar rápidamente la Pascua y guiar a la gente a Sion. No hay otro refugio en este mundo. Cuando la gente escuche el mensaje de que “huyan a Sion” y que “no se dañará a quienes tengan el sello de la Pascua” (Jer 4:5-6, Ap 9:4), lo recibirán con mucha alegría. No guardemos la palabra, sino usémosla según el tiempo. Para no tener ningún remordimiento, prediquemos con valentía a todos nuestros conocidos, e incluso a quienes nos cruzamos en el camino, para que puedan venir a Sion y recibir el sello de la Pascua.

El Padre nos dijo que el mayor de todos es el amor. Por lo tanto, guiemos a nuestro hermanos a Dios con amor. Recientemente, los miembros recién bautizados han expresado que, aunque el mundo sea duro y esté lleno de dificultades, Sion es el único lugar donde encuentran calidez. Aunque la verdad es preciosa, es esta calidez la que conmueve sus corazones y los trae a la iglesia. La vida en este mundo no es fácil y muchos sienten que realmente nadie se preocupa por ellos. Sin embargo, en Sion, una sola palabra cálida y un saludo amable pueden traer consuelo y fuerza. Nuestro Padre es amor. El amor se expresa a través de la calidez. Hagamos que nuestro saludo sea gentil y nuestras palabras amables. Una sola actitud puede determinar si un alma vive o no.

Cuando el Padre nombra obreros del evangelio, primero mira la fe y luego la forma en que tratan a los demás. Si tenemos la verdad en nosotros, debe reflejarse exteriormente. No debemos esconder la verdad dentro de nosotros mientras mostramos una actitud fría o indiferente. Seamos más cálidos y guiemos a muchas almas de regreso a Dios. El agricultor debe tener amor por los cultivos, para producir buenos frutos. Cosechar lo que uno siembra significa recibir según sus acciones. En tiempos difíciles, debemos manifestar un amor aún más profundo. No debemos sembrar ira cuando nos sentimos molestos. En cambio, perseveremos con paciencia y sembremos amor desde el primer momento. Entonces, no tendremos motivos para preocuparnos. Si sembramos amor, cosecharemos frutos de amor; y si sembramos otra cosa, cosecharemos en consecuencia. Sembremos mucho amor, para que llevemos abundantes frutos de amor.

Muchas gracias por su dedicación en la misión del evangelio. Cuando las cosas se vuelvan difíciles, oremos fervientemente al Padre. Él ha prometido que responderá nuestras oraciones. Cuando oramos con sinceridad, el trabajo se vuelve más ligero. Deseo que compartan mucho amor, lleven abundantes frutos y, al ir al reino de los cielos, reciban muchas recompensas y elogios del Padre como hijos de Sion.