Los que muestran la gloria de Dios

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Agradezco de todo corazón a todos los miembros de Sion que, habiendo comprendido el amor y la gracia de Dios, se han dedicado con tanta sinceridad al evangelio. Oro para que puedan recibir el Espíritu Santo abundantemente y lleven muchos frutos.

Los hijos de Sion están siguiendo la voluntad de Dios y mostrando su gloria mediante sus buenas obras. En obediencia a las palabras de Cristo: “Id, y haced discípulos a todas las naciones, […] enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”, los hermanos están siendo enviados a todas partes del mundo, haciendo brillar con valentía la luz de Dios Ahnsahnghong. Al ver esta luz, los preciosos hijos de Dios, como joyas radiantes, están llegando a Sion (Mt 28:18-20, Is 60:1-8). Cuando mostramos mucho la gloria de Dios, llevamos frutos abundantes de manera natural. Como resultado, muchas almas están siendo guiadas a la verdad. Estos nuevos miembros también están llenos del Espíritu Santo y no pueden guardar el evangelio solo para sí mismos. Por eso, ahora dan testimonio con más fervor y claridad sobre la gloria de Dios.

Entre los profetas de la fe del Nuevo Testamento, el apóstol Pablo fue uno de los que más mostró la gloria del Padre. Pablo dijo que había sido crucificado con Cristo para que solo Cristo viviera en él. Estimó como basura el poder, el honor, la riqueza y todo lo que no fuera digno del evangelio de Dios, desechándolo todo voluntariamente. Con el único deseo de salvar a tantas personas como fuera posible, se humilló a sí mismo como siervo y sirvió a los demás (Ga 2:20, 1 Co 9:19).

Ya que también esperamos recibir la corona de justicia como el apóstol Pablo, sigamos su ejemplo de fe. Estemos dispuestos a soportar la persecución por el evangelio y a sacrificarnos por nuestros hermanos (2 Ti 4:1-8). Cuando el ego permanece en nosotros, se hace difícil recibir las enseñanzas de Dios. Más bien, causaremos heridas a nuestros hermanos en lugar de conmover sus corazones. Debido a que esta generación se ha vuelto tan malvada, muchas personas no reciben la sana enseñanza de Dios, sino que prestan oído a las palabras de este mundo. Nosotros, sin embargo, no debemos seguir fábulas ni conversaciones vanas en este tiempo precioso como el oro, sino amar a Dios con todo nuestro corazón, mente, fuerzas y alma. Asimismo, no permanezcamos indiferentes ante nuestro prójimo que perece bajo el desastre, sino exhortémoslo a guardar la Pascua, que concede la vida eterna.

Grande es el galardón de aquellos que padecen persecución y dificultades por causa de la justicia (Mt 5:10-12). Noé soportó muchas burlas y oposición mientras construía el arca. Abraham también enfrentó una gran angustia antes de obedecer el mandato de Dios de ofrecer a su único hijo en sacrificio. Moisés estaba en posición de heredar el trono de Egipto, pero eligió sufrir junto con el pueblo de Israel porque tenía puesta la mirada en el galardón del cielo. De la misma manera, nosotros también hagamos obras agradables a Dios y dignas de recibir su recompensa.

Como sacerdotes reales, los príncipes y princesas del cielo deben tener un corazón tan amplio como el mar. Cuando albergamos sentimientos de resentimiento o descontento, podemos darle lugar al diablo, que anda como león rugiente buscando a quién devorar (1 P 5:8-9). Por lo tanto, en cualquier situación, esforcémonos por no ofendernos ni resentirnos. Cuando surgen esos sentimientos, es una señal de que el ego todavía vive dentro de nosotros y de que Cristo aún no ha llenado por completo nuestro corazón. Los hijos de Dios son aquellos que se cuidan mutuamente, se consuelan unos a otros y se animan con palabras tiernas y afectuosas. Recordemos siempre el sufrimiento del Padre, que se sacrificó por nosotros hasta la muerte. Aunque un hermano nos diga palabras que lastimen nuestro corazón, si respondemos con comprensión, paciencia, mansedumbre y humildad, él puede conmoverse profundamente y comenzar a cambiar de forma natural. Ya que cada persona será recompensada según sus obras, esforcémonos por recibir el “Premio por inspirar a otros” cuando entremos en el reino de los cielos (Ap 22:11-12). Creo que aquellos que muestran más la gloria de Dios también recibirán de Él mayores recompensas.

Al guardar los mandamientos de Dios y revelar su gloria mediante buenas obras, muchas cosas están sucediendo según la profecía: estamos alcanzando una posición de liderazgo en el mundo, y aquellos que antes nos ponían obstáculos, ahora nos miran con respeto (Dt 28:1-14, Is 60:14-22). Tanto en Corea como en el extranjero, seguimos escuchando muchos testimonios conmovedores de personas que elogian al pueblo de Dios, diciendo: “Realmente viven como hijos de Dios”. Amada familia de Sion, mostremos con poder y en abundancia la gloria del Padre. Mantengámonos unidos, valorémonos, cuidémonos, amémonos y vivamos en perfecta armonía. Espero sinceramente que todos ustedes lleven abundantes frutos a través de la unidad y que, cuando entren en el reino de los cielos, reciban la corona de justicia y muchas recompensas celestiales.