{"id":5470,"date":"2025-06-01T09:00:24","date_gmt":"2025-06-01T00:00:24","guid":{"rendered":"https:\/\/jerusalemmother.com\/word\/holy-spirit\/"},"modified":"2025-07-02T14:54:48","modified_gmt":"2025-07-02T05:54:48","slug":"holy-spirit","status":"publish","type":"word","link":"https:\/\/jerusalemmother.com\/es\/word\/holy-spirit\/","title":{"rendered":"La necesidad del Esp\u00edritu Santo"},"content":{"rendered":"<p>Cristo es la cabeza, y nosotros somos su cuerpo (1 Co 12:12-27). As\u00ed como cada parte del cuerpo recibe direcci\u00f3n de la cabeza para vivir y funcionar, quien nos da direcci\u00f3n para ir al reino de los cielos es Dios, es decir, el Esp\u00edritu Santo. Fue el Esp\u00edritu Santo quien revel\u00f3 el D\u00eda de Reposo para bendecirnos, y la Pascua para protegernos de los desastres y darnos la vida eterna, a fin de que podamos entrar en el cielo.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la promesa de venir por segunda vez para traer la salvaci\u00f3n (He 9:28), quien nos ha ense\u00f1ado lo m\u00e1s necesario para recibir la vida eterna es nuestro Padre, Cristo Ahnsahnghong. Cada instrucci\u00f3n, mandato y petici\u00f3n del Esp\u00edritu Santo es la vida misma. Por eso, necesitamos absolutamente al Esp\u00edritu en nuestro camino de la fe. Como hijos de Dios, debemos anhelar y confiar en el Esp\u00edritu de Dios para recibir las bendiciones anheladas.<\/p>\n<p>Fue por la gu\u00eda del Esp\u00edritu que Felipe se acerc\u00f3 al eunuco et\u00edope y lo condujo al bautismo (Hch 8:26-39). Como Felipe acept\u00f3 de todo coraz\u00f3n las palabras del Esp\u00edritu y estaba lleno del deseo de salvar almas, el Esp\u00edritu le orden\u00f3 acercarse al carro. Del mismo modo, cuando Pablo predic\u00f3, fue Dios quien abri\u00f3 el coraz\u00f3n de Lidia para que recibiera su mensaje (Hch 16:6-14). Pablo dedic\u00f3 todo su coraz\u00f3n, mente y alma a proclamar a Jes\u00fas, el Cristo. No hac\u00eda lo que el Esp\u00edritu Santo no deseaba, sino solo lo que \u00c9l quer\u00eda; y como resultado, llevaba abundante fruto por dondequiera que iba.<\/p>\n<p>Nosotros tambi\u00e9n debemos seguir la voluntad de Dios por encima de la nuestra y llevar a cabo la obra del evangelio siguiendo la gu\u00eda del Esp\u00edritu Santo. Sin embargo, a veces trabajamos sin oraci\u00f3n, no actuamos seg\u00fan la palabra de Dios o hacemos cosas que el Esp\u00edritu Santo no desea, y por eso no recibimos los dones del Esp\u00edritu Santo. Dios nos llama a la unidad, a considerar a nuestros hermanos y a glorificar su nombre. Pero si herimos a nuestros hermanos, y nuestras palabras y acciones no son edificantes, aunque salgamos a predicar, Dios no abrir\u00e1 los corazones de las personas. Si buscamos frutos sin seguir la instrucci\u00f3n de Cristo, nuestra Cabeza, y nos resistimos a la gu\u00eda del Esp\u00edritu Santo, Dios no nos dar\u00e1 frutos en esa obra.<\/p>\n<p>Incluso los atletas, para ganar una medalla de oro, se abstienen de hacer lo que desean y siguen todas las instrucciones de su entrenador. De la misma manera, Dios es nuestro entrenador y nosotros somos corredores en la carrera hacia el cielo. Actuemos conforme a su voluntad y recibamos la corona de oro del reino de los cielos (Ap 4:1-6, 10-11, 2 Ti 4:1-8). El Esp\u00edritu Santo nos advierte: \u201cNo os conform\u00e9is a este siglo\u201d, y si corremos haciendo cosas que el pueblo de Dios no debe hacer ni ver, corremos el riesgo de ser descalificados. El Esp\u00edritu tambi\u00e9n nos ordena: \u201cPrediquen la palabra, escuchen o dejen de escuchar\u201d. Si, bas\u00e1ndonos en nuestro propio juicio, decidimos que \u201cesa persona no escuchar\u00e1\u201d, estamos rechazando la gu\u00eda del Esp\u00edritu. Debemos seguir las instrucciones del Esp\u00edritu con fidelidad y sin condiciones. Corramos la carrera de la fe con disciplina y perseverancia hasta recibir el premio (1 Co 9:24-25).<\/p>\n<p>La Biblia est\u00e1 llena de ejemplos de quienes triunfaron en la carrera de la fe (He 12:1-2). No\u00e9 obedeci\u00f3 el mandato de Dios, construy\u00f3 el arca y recibi\u00f3 la salvaci\u00f3n. David confi\u00f3 en Dios, derrot\u00f3 a Goliat y liber\u00f3 a Israel. Los tres amigos de Daniel siguieron la voluntad del Esp\u00edritu, neg\u00e1ndose a inclinarse ante los \u00eddolos; y fueron protegidos incluso dentro del horno de fuego ardiente, sin que se quemara ni un solo cabello. Mois\u00e9s pudo haber disfrutado de la gloria del palacio de Fara\u00f3n siguiendo sus \u00f3rdenes, pero en cambio tuvo puesta la mirada en el galard\u00f3n del cielo y eligi\u00f3 obedecer al Esp\u00edritu (He 11:24-26). Los ap\u00f3stoles \u2014Pablo, Pedro, Santiago y Juan\u2014 y muchos otros creyentes fieles siguieron la palabra dada por el Esp\u00edritu Santo y ahora moran en el reino de los cielos.<\/p>\n<p>Si vivimos seg\u00fan la ley del Esp\u00edritu de vida, seremos liberados de la ley del pecado y de la muerte, y entraremos en el reino eterno (Ro 8:1-2). No podemos ganar esta carrera con nuestras propias fuerzas; solo mediante la ley del Esp\u00edritu podemos vencer. El Esp\u00edritu conoce nuestras debilidades, intercede por nosotros personalmente y nos abre el camino pr\u00f3spero. Nuestras oraciones deben unirse a su obra. Quienes buscan con fervor el Esp\u00edritu ser\u00e1n llenos de santidad, paz, mansedumbre, humildad, misericordia y buenos frutos (Stg 3:17-18). Corramos la carrera de la fe con todo el coraz\u00f3n, sigamos las palabras del Esp\u00edritu Santo y, al final de nuestro camino, recibamos la corona de oro que nos espera en el cielo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Cristo es la cabeza, y nosotros somos su cuerpo (1 Co 12:12-27). As\u00ed como cada parte del cuerpo recibe direcci\u00f3n de la cabeza para vivir y funcionar, quien nos da direcci\u00f3n para ir al reino de los cielos es Dios, es decir, el Esp\u00edritu Santo. 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